Daron Acemoglu, profesor del MIT, es uno de esos economistas orgánicos que buscan solucionar los problemas, colaborar con propuestas para explicar por qué unos países han tenido éxito alcanzado niveles de desarrollo, mientras otros se encuentran inmersos en dinámicas y círculos viciosos que impiden mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. En el artículo El alterador del orden podemos conocer mejor sus ideas.Su colaboración con James Robinson, ahora profesor de la Universidad de Harvard, nos ha permitido leer un libro imprescindible para comprender las relaciones entre democracia y desarrollo económico: Why nations fail

Por qué fracasan los países

Why nations fail


 

Sus críticas a la economía ortodoxa se vieron con claridad al explicar los errores cometidos por la ciencia económica al no predecir la crisis de 2008:

"Acemoglu se unió a otros economistas académicos para analizar por dentro la profesión (Acemoglu, 2009) en busca de errores intelectuales cometidos en el anuncio y manejo de la crisis económica y financiera mundial que golpeó duro en 2008. Cree que tres ideas, en concreto, reprimieron cualquier sensación de alarma.

Primero estaba la creencia de que se había vencido a los ciclos económicos con una combinación de políticas astutas e innovación tecnológica que cambiaba el juego. De hecho, estas dos fuerzas de evolución habían aumentado las interrelaciones económicas hasta el punto de crear posibles efectos dominó entre las instituciones financieras, las empresas y los hogares.

Segundo, se habían olvidado las bases institucionales de los mercados y se había creado una equivalencia entre mercados libres y mercados no regulados. Pocos defenderían hoy que el control de los mercados es suficiente para protegerse frente a la conducta oportunista de personas no reguladas que buscan obtener beneficios asumiendo riesgos de los que se beneficiarán en detrimento de otros.

Y tercero, se sobrevaloró la reputación de las empresas grandes y longevas a pesar de las primeras alertas procedentes de los escándalos contables de Enron y WorldCom a principios de la pasada década. La confianza en la capacidad de autocontrol de dichas empresas se ha desvanecido, y las infracciones futuras tendrán que castigarse de forma severa y creíble" El alterador del orden